El misterio de la cancha perfecta junto a la Quebrada de Humahuaca

Los que visitan el Club Terry de Tilcara suelen maravillarse con el pasto perfecto de la cancha y cómo los cerros de la Quebrada hacen de tribuna a lo lejos. El estadio es un factor que lo distingue y que lo vuelve único. No es común cruzarse con ese tipo de superficie en una zona donde se multiplican los potreros de ripio y tierra.
Pero eso es sólo lo que se puede ver. Hay mucho más.
Se puede decir que el Terry es algo así como una gran familia. Un club por donde cientos de vecinos practican deporte, ayudan, regalan su tiempo mientras pintan paredes, riegan o dan una mano con lo que se necesite.
La clave es la colaboración.
Casi por casualidad, una noche mientras el equipo de RP comía un asado, entre temas de Ricardo Vilca y charlas de fútbol, a cada rato alguien se levantaba de la mesa y recién volvía a los pocos minutos.
No quedaba bien claro el por qué, hasta que luego de algunos preguntas se descubrió que se turnaban para regar la cancha.
Este hecho simple refleja dos elementos clave en ésta historia. Por un lado, el césped perfecto. Por el otro, la existencia de un tejido de voluntades asociadas por el mismo objetivo: hacer que el club crezca. Cueste lo que cueste.
No es casualidad que el año pasado haya cumplido 90 años. Con el tiempo y de la mano de su presidente, Fredy Ayarde, el Terry se construyó paso a paso con el aporte de familiares, vecinos y amigos.
Hoy cuenta con seis divisiones y la primera que participa de la liga jujeña de fútbol. Allí juegan alrededor de 200 jóvenes y se realizan más de 30 viajes por la zona para jugar partidos.
“El fútbol en Terry nació como una idea para alejar a jóvenes y niños del alcohol, la droga y la delincuencia”, contó Ayarde. “Hay chicos que estuvieron en las malas y hoy están jugando acá. Pasaron de pelearse entre sí a formar un grupo de amigos”, agregó.
Hay elementos que tienen el sello del norte jujeño. La tez curtida, un poco seca. El viento. La quebrada de fondo. Y siempre la música para hacerle frente al clima hostil.
Paso a paso, el Terry se abrió camino entre la comunidad de la zona. “Luchamos mucho por los valores de la vida. Por el saludo, el respeto, la educación, la responsabilidad y el sacrificio”.
Y hoy se transformó en un bastión de contención para jóvenes y adultos. “Es importante que los jóvenes busquen su lugar en la vida, que la luche. Lo más fácil es la fiesta, la droga, pero lo difícil es pelearla palmo a palmo, y tratar día a día de ser un poco mejor”.


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