El Pozo

"Acá en la villa jugábamos con botellas cuando éramos chicos. Había algunas pelotas viejas, pero la gran mayoría jugábamos con botellas. Que cada chico tenga su pelota es emocionante".

Cesar conoce mejor que nadie los pasillos y los secretos de este olvidado rincón de Buenos Aires. El barrio La Cava está ubicado en pleno corazón del municipio de San Isidro, las grandes diferencias sociales que existen en este distrito del Norte del Gran Buenos Aires hacen del lugar, un territorio muy conocido pero poco frecuentado. 

El barrio parece haber sido edificado con chapas y maderas con la cancha de fútbol como epicentro del lugar. Le dicen el pozo y para llegar allí hay que atravesar los angostos pasillos, centenares de viviendas, donde es muy fácil perderse. Los prejuicios son un tatuaje que llevan consigo los trabajadores de este humilde barrio.

"Por ser pobres nos discriminan. El prejuicio existe y tenemos que aprender a vivir con eso. La gente de afuera solo conoce lo malo, y en el barrio son pocos los malos. La gran mayoría somos trabajadores y solo pensamos en progresar". Nos cuenta Cesar con su voz calma y algo rasposa.

La cancha del pozo de La Cava va recuperando la alegría, poco a poco vuelve a ser habitada por los niños que solo necesitan un espacio para poder ser libres. El barrio golpeado y azotado por la violencia sabe perfectamente como la droga arruina las flores que crecen y son los niños los más perjudicados. Cuando se perdió el fútbol en el barrio arrasó lo droga y cuando arrasó la droga, los niños se escaparon con ella.

Cesar nos abre las puertas de su casa, de su vida. La Cava es su lugar en el mundo, ahí es donde él encuentra  paz. Trabaja por los chicos del barrio junto a personajes entrañables como Diego, Tula, Santi, Bebu, Adan y Estela. "Somos pocos pero tenemos un gran compromiso acá en la villa, ver a los chicos contentos es algo que necesito para pasar los días", nos cuenta mientras compartimos una ronda de mates con más de 35 grados de calor en este Febrero que azota Buenos Aires.

"Los chicos están volviendo a jugar en la cancha de la Cava, con el tiempo se perdió esa costumbre, ahora de a poco vamos recuperando esas tardes de fútbol. Si recuperamos la cancha, recuperamos la alegría y la paz que tanto necesitamos acá en La Cava".

Los niños corren por todos lados, pintan de colores el barrio, escriben poesías con sus pies descalzos. Olvidan por un rato tanta desigualdad, tanta opulencia que genera pobreza.

El fútbol cumple un rol social, la eterna ausencia del estado se cobra algunas vidas pero es la pelota quien los iguala ante el mundo y riega de valores al piberio.

El equipo de Revolución Pelota junto a FC Bola entregó 60 pelotas de futbol a niños del barrio La Cava.


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