Emperadores de la inocencia

Somos apenas observadores de las periferias. Somos testigos oculares de las inmensas brechas entre clases sociales. Muchas veces los relatos se vuelven extraños o simplemente extraídos de la realidad. Pero la inocencia poco sabe de artilugios literarios para describir realidades insensatas.

Los cometas pintan los cielos de Morro dos Macacos, favela ubicada al norte de Río de Janeiro.
 
Los niños imaginan ser Neymar, relatan goles de Ronaldinho y por algunos minutos juegan en el primer equipo de Flamengo, Fluminense o Botafogo.
Una bandera de Vasco da Gama flamea en lo alto de una casilla. El fútbol es el lunfardo y la poesía de la favela.

Los estrechos callejones derraman imaginación y sueños, alegría y sonrisas. Pero cuando el sol se esconde, la violencia gobierna los morros. Los maquillajes pacificadores son una buena respuesta para el mundo exterior, pero la realidad canta y grita todo su dolor.

Mientras la política estalla en las portadas de los periódicos, las pelotas dibujan sonrisas en los niños que juegan a ser niños. Sin entendernos a través del dialecto lo hacemos a través de un idioma común y único, la pelota. Ellos son los emperadores de la inocencia.


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