Esa palabra llamada Revolución

Al sur de México, cerca de la frontera con Guatemala, San Cristobal de las Casas amanece con algo de frió. En el mercado del pueblo uno puede encontrar desde animales vivos hasta todo tipo de películas nacionales y extranjeras. Una señora ofrece jugo de naranja a buen precio mientras que un niño nos invita a comprarle unas pulseras de hilo con colores que llaman nuestra atención. El caos gobierna y la anarquía manda. Discutiendo precios nos adentramos en un taxi compartido con dos señoras que se dirigen hacia la zona de Bochil. Viendo como las nubes se acuestan sobre las montañas, el camino se vuelve más estrecho, más hostil y por sobre todas las cosas, más incógnito. Los carteles sobre el costado de la ruta comienzan a contarnos que entramos en territorio zapatista y que allí otras reglas son las que mandan. El joven conductor nos avisa que el lugar requerido por nosotros está próximo, nos aconseja que tengamos cuidado. 

Frena su auto, nosotros bajamos y el joven arranca a gran velocidad. Las montañas decoran el paisaje, el sol acompaña nuestra incertidumbre y un letrero dice, "Está usted en Territorio Zapatista, aquí el pueblo manda y el gobierno obedece".

Frente a nosotros el Caracol de Oventic, corazón céntrico de los zapatistas delante del mundo. Luego de anunciarnos ante quienes estaban de guardia, y esperar cerca de dos horas para que nos dejen pasar, La Junta del Buen Gobierno decide hablar con nosotros. El nombre de Revolución Pelota les había llamado particularmente la atención y es por eso que requirieron nuestra presencia delante de ellos para saber de qué se trataba. Nos recibieron con gran calidez y mucha educación, acompañados de sus pasamontañas, La Junta de Buen Gobierno nos invita a recorrer el caracol y su única petición se refirió a no tomar fotografías de las personas, ni de las pelotas entregadas. Es por una cuestión de seguridad nos dicen en un difícil castellano. Entendimos que este proyecto seria diferente, esta vez sería a su manera.

Luego de visitar la escuela, el hospital, la cancha de fútbol y ver en directo lo que tanto habíamos conocido por libros y manifiestos, entregamos las pelotas en la comunidad.
Paso mucho tiempo de aquella mañana de 1994 donde miles de indígenas armados de verdad y fuego, de vergüenza y dignidad sacudieron a México del dulce sueño de la modernidad. Pero su lucha sigue viva. Los zapatistas exigen un mundo donde quepan muchos mundos.

Solo un papel certifica la entrega de pelotas al caracol de Oventic, no hubo fotos, pedimos disculpas, esto es una revolución.


Powered by GT